22 de mayo de 2014

El presidente Uchtdorf comparte un mensaje de la Pascua de resurrección con los misioneros
- Por Gerry Avant, editor de Church News
23 ABRIL 2014




El presidente Dieter F. Uchtdorf saluda a las hermanas misioneras después de hablar en el Centro de Capacitación Misional en Provo, Utah, el 20 de abril, el día de la Pascua de resurrección.  Fotografía por Gerry Avant.



PUNTOS DESTACADOS DEL ARTÍCULO

La resurrección de Jesucristo, el acontecimiento más notable en la historia, también transformó a un grupo de discípulos asustados y preocupados en un grupo dinámico de misioneros valientes.
“Cada día, recordemos que somos discípulos del Salvador Jesucristo y debido a que Él está con nosotros, no debemos temer”. —Presidente Dieter F. Uchtdorf, de la Primera Presidencia
PROVO, UTAH

La resurrección de Jesucristo, el acontecimiento más notable en la historia del mundo, hizo posible que todas las personas recibieran la vida eterna. Además, transformó un grupo de discípulos asustados y preocupados en un grupo dinámico de valientes misioneros que cambiaron el mundo.

“Los acontecimientos de ese día tienen el potencial y el poder de hacer lo mismo por cada siervo del Señor”, declaró el presidente Dieter F. Uchtdorf en un mensaje de la Pascua de resurrección el 20 de abril.

El presidente Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, se dirigió a un grupo de unas 1.400 personas que se reunieron en el edificio Lorenzo Snow, en el campus principal del Centro de Capacitación Misional, en Provo, Utah. Miles de otros misioneros vieron la transmisión vía satélite en los centros de capacitación en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, República Dominicana, Inglaterra, Ghana, Guatemala, México, Perú, Sudáfrica y España. Los misioneros de los centros de capacitación de Nueva Zelanda y las Filipinas vieron la transmisión en forma diferida.

El presidente Uchtdorf citó pasajes de las Escrituras que relatan los acontecimientos de aquellos días en que Jesús efectuó la expiación en el jardín de Getsemaní, Su juicio y Su muerte por crucifixión en el Calvario.

“Los discípulos se reunieron, tenían miedo, tal vez escépticos de que su Maestro estaba realmente muerto”, dijo él. “Los imagino mirándose a los ojos, sintiéndose confundidos, con ira y, tal vez más que nada, sintiendo un dolor y una angustia profunda”.

Él habló de un ángel que quitaría la piedra de la tumba, la proclamación “Ha resucitado” y la aparición del Señor resucitado, primero a María Magdalena y Su instrucción a ella: “Ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17).

El presidente Uchtdorf dijo a los misioneros que todos ellos sabían la historia de lo que sucedió después: cómo el Salvador se apareció a Sus discípulos, los invitó a que lo tocaran y vieran por sí mismos que Él estaba vivo, permaneció entre Sus seguidores, enseñó de las Escrituras cosas concernientes a Él y se apareció a más de 500 personas.

“Es extraordinario para mí cómo cambiaron las cosas después de ese día”, dijo el presidente Uchtdorf sobre la primera Pascua de resurrección. “Antes de su muerte, la mayoría de los discípulos de Jesús tenían como función la de ser testigos y seguidores. Ellos observaron y aprendieron, y fueron testigos de los hechos y las enseñanzas del Salvador.

“Pero todo cambió para ellos después de que Cristo se levantó de la tumba”.

El presidente Uchtdorf habló de Pedro. “¿Qué vemos en esta ‘roca’ de hombre antes de la resurrección? Entre otras cosas, vemos temor”.


El presidente Dieter F. Uchtdorf habla con el élder Selwin Lovell, quien es del país sudamericano de Guyana y ha sido llamado a servir en la Misión Misisipí Jackson. Fotografía por Gerry Avant.

Citó pasajes de las Escrituras que describen los pasos valientes de Pedro sobre el agua cuando se dirigía hacia el Salvador, y como también gritó por temor al empezar a hundirse cuando su fe falló. Además, el presidente Uchtdorf habló sobre cómo el temor se apoderó de Pedro, por lo cual negó conocer a Jesús en la noche de Su juicio.

“Pedro más tarde lloró y agonizó por esa traición”, dijo el presidente Uchtdorf. “Con el corazón quebrantado, le suplicó a Dios que lo perdonara. ¿Cómo pudo él haber sido tan débil? ¿Cómo pudo él permitir que el temor le hiciera negar al hombre a quien él conocía como ‘el Cristo, el hijo del Dios viviente’?

“Pero desde el momento en que Pedro vio al Cristo resucitado, él se transformó. Él era un hombre diferente. Junto con Santiago y Juan, él fue un verdadero líder.


Después de hablar en una reunión especial el domingo de Pascua en el CCM de Provo, Utah, el presidente Dieter F. Uchtdorf saludó a los misioneros asignados a prestar servicio en la Misión Fiji Suva. Fotografía por Gerry Avant.

“Ya no tenía miedo. Desde ese momento él valientemente testificó: ‘A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos’ (Hechos 2:32)”.

El presidente Uchtdorf dijo que los hombres que habían conspirado para matar al Salvador rodearon a Pedro, pero como “defensor de Dios revitalizado y valiente”, Pedro continuó predicando el Evangelio — en particular a los que asesinaron a Cristo. “Él con audacia los enfrentó y les habló, diciendo que Jesús había resucitado de entre los muertos, las primicias de la resurrección”.

Pedro y Juan fueron detenidos y traídos ante los gobernantes, élderes y los escribas para ser interrogados; Anás, el sumo sacerdote y Caifás estaban allí. “Debe haber sido un grupo intimidante, un grupo que tenía la vida de Pedro y de Juan en sus manos”, dijo el presidente Uchtdorf.

“Pero cualquier rastro del viejo y temeroso Pedro había desaparecido en el magnífico fuego purificador de esa mañana, el domingo de la Pascua de resurrección. Pedro confrontó a los que le condenaron, los mismos hombres que habían matado a Su Señor, con milagros que hizo en el nombre del Señor …


El coro de misioneros en el CCM de Provo proporciona la música para una reunión en la que el presidente Dieter F. Uchtdorf habló sobre la Pascua de resurrección el 20 de abril. La reunión se transmitió a otros CCM en todo el mundo. Fotografía por Gerry Avant.

“Desde ese momento hasta el fin de su vida, Pedro enfrentó amenazas, ridículo, odio y humillación. Pero no se desanimó. Él no temía a ningún hombre. Nada le impidió que cumpliera su misión para alzar la voz como testigo de Su Salvador, Jesucristo”.

El presidente Uchtdorf preguntó a las congregaciones reunidas en los CCM: “¿Qué tiene esto que ver con el sagrado llamamiento de misioneros?

“Élderes y hermanas, cada día que usan sus placas misionales enseñan un mensaje importante. Somos discípulos del Señor Jesucristo. Al igual que Pedro, han tomado sobre ustedes el nombre del Señor y la gran responsabilidad de esparcir la gloriosa y feliz noticia del evangelio de Jesucristo.


El presidente Uchtdorf visita al personal de la cocina en el campus oeste del Centro de Capacitación Misional en Provo el 20 de abril. Fotografía por Gerry Avant.

“A los antiguos apóstoles el Señor les dio la asignación de enseñar y bautizar a todas las naciones, ‘enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado’ (Mateo 28:20). Como misioneros, ustedes son el brazo extendido de los Doce Apóstoles de hoy en día, con la misma promesa de que el Señor estará con ustedes, aun hasta el fin del mundo.

“Todos los días de su misión y todos los días de su vida tendrán que enfrentarse con decisiones similares a las que Pedro tuvo que tomar. Igual que Pedro, ustedes tienen las mismas preguntas por delante: ¿Qué clase de testigos serán?

“Entre nuestros 85.000 misioneros hay muchos que, al igual que Pedro, son valientes en la proclamación de la verdad. Abordan cada día con vigor renovado. Aun ante el ridículo, la apatía y el odio alzan sus voces puras y alegres y proclaman el evangelio de Jesucristo”.

El presidente Uchtdorf habló del élder Fabrizio Ricciardi, un converso de Italia, quien prestó servicio hace unos 30 años como misionero en Gran Bretaña. Sus padres estaban preocupados de que él sirviera en una misión, pero él fue, sabiendo que hacía lo correcto. Tomó la determinación de que, como su decisión había sido tan costosa, él haría que su tiempo como misionero valiera la pena.

Uno de sus compañeros de misión, el élder Danny Q. Humphrey, más tarde escribió que todas las mañanas antes de salir de la casa, el élder Ricciardi se veía en el espejo del baño, se señalaba a sí mismo y decía: “No temo a ningún hombre”.

El presidente Uchtdorf relató que el élder Humphrey, un compañero menor, escribió que a medida que él esforzaba, el élder Ricciardi le enseñó muchas cosas acerca de ser misionero. En cierto momento, el élder Ricciardi le preguntó: “¿Élder, sabe quién es usted?”. Entonces le abrió el Libro de Mormón en 3 Nefi 5:13 y leyó: “He aquí, soy discípulo de Jesucristo, el Hijo de Dios. He sido llamado por él para declarar su palabra entre los de su pueblo, a fin de que alcancen la vida eterna”.

“Entonces [el élder Ricciardi] miró a su compañero menor y dijo: ‘¡Élder, usted es un discípulo de Cristo! ¡No le tema a nadie!’”.

El élder Humphrey dijo que el élder Ricciardi nunca fue asistente del presidente de misión o líder de zona, pero que entrenó a muchos misioneros nuevos. “Capacitar a los misioneros nuevos es una de las posiciones de liderazgo más importantes en el campo misional.

“Este domingo de Pascua de resurrección, les invito a considerar el ejemplo del apóstol Pedro, que venció sus temores y llegó a ser un misionero valiente y líder de la Iglesia. No sólo de Pedro aprendemos —podemos aprender de todos los misioneros que tienen el mismo tipo de entrega y dedicación— misioneros como el élder Ricciardi.

“Cada día, recordemos que somos discípulos del Salvador Jesucristo y debido a que Él está con nosotros, no debemos temer”.

El presidente Uchtdorf aseguró a los misioneros que a medida que inclinen su corazón y su mente al Salvador, “Él ciertamente los levantará y los fortalecerá. Él los visitará con conocimiento, paz y valor. Él preparará el camino para ustedes y enviará a Sus ángeles para que los rodeen y los sostenga.

Él los ayudará a superar el temor. Él los ayudará y los levantará para convertirlos en hombres y mujeres de Dios”.

Un coro de unos 470 misioneros, dirigido por Ryan Eggett y acompañado de Ellen Amatangelo, cantaron “Tan humilde al nacer”.

Después de la reunión, el presidente Uchtdorf saludó a docenas de misioneros. El élder Selwin Lovell, un misionero de la nación sudamericana de Guyana, asignado a la Misión Misisipí Jackson, estaba entre muchos de los élderes que recibieron un cálido abrazo del presidente Uchtdorf.


https://www.lds.org/church/news/president-uchtdorf-delivers-easter-message-to-missionaries?lang=spa

27 de octubre de 2013

Tendamos una mano de amor a los ex misioneros menos activos
  Por Suzanne Young, redactora del personal de Seminarios e Institutos

26 SEPTIEMBRE 2013

A pesar de haber disfrutado de misiones exitosas, algunos ex misioneros regresan a casa sólo para posteriormente derivar en la inactividad. El élder Perry ha enseñado que los padres, amigos y líderes pueden ayudar al tender una mano y ser buenos ejemplos.



A Josh le encantó su experiencia misional en la Misión California Ventura, pero encontró la transición de regresar a su hogar más difícil de lo que pensó que sería.

“Es muy difícil”, dijo. “Cuando llegué de mi misión, pensé que la vida sería muy diferente y no fue así”. Después de un año y medio de sentirme frustrado, Josh se inactivó durante unos ocho meses.

Josh dijo que su inactividad no fue inmediata, sino que sucedió durante varios meses. “No hacía mis oraciones todos los días, no estudiaba las Escrituras y poco después ya no estaba asistiendo a la Iglesia”, dijo él.

En un discurso de la Conferencia General de 2001, el élder L. Tom Perry, del Quórum de los Doce Apóstoles, reconoció que “la adaptación después de salir del campo misional y el regreso al mundo que dejaron atrás a veces es difícil. Entonces preguntó: “¿No sería acaso éste un momento oportuno para realizar una autoevaluación a fin de determinar si todavía tenemos la misma relación con nuestro Padre Celestial que la que tuvimos con él en el campo misional?”. (“El ex misionero”, Conferencia General de octubre de 2001).

El élder Perry tuvo tres sugerencias para los ex misioneros: orar con más frecuencia, estudiar las Escrituras con regularidad y continuar compartiendo el Evangelio.

Orar con más frecuencia
“Si el mundo nos ha apartado de la práctica de la oración”, dijo el élder Perry, “entonces hemos perdido un gran poder espiritual”. Quizás sea el momento de reavivar nuestro espíritu misional a través de una oración más frecuente, constante y poderosa”.

Estudiar las Escrituras con regularidad
El élder Perry también alienta a ex misioneros a participar en el estudio diario personal de las Escrituras, así como a estudiarlas con compañeros de dormitorio, el cónyuge u otros miembros de la familia. “La práctica de tener clases regulares de estudio nos servirían para mantener claras las doctrinas del reino en nuestra mente y dejar de lado la intrusión persistente de las preocupaciones del mundo”, dijo.

Continuar compartiendo el Evangelio
Los ex misioneros no necesitan una insignia para compartir el Evangelio, dijo el élder Perry. “Hago un llamado a ustedes, ex misioneros, para que vuelvan a dedicar su vida, para que renueven su deseo y espíritu del servicio misional”.

A Jennifer también le encantó su misión de 18 meses en la Misión Canadá Edmonton. Cuando regresó, ella era activa hasta que conoció y empezó a salir con alguien que no era miembro de la Iglesia.

“Al final terminamos por causa de la religión”, dijo Jennifer. “Pero habíamos hablado tanto de eso que al final yo ya ni siquiera sabía en lo que creía. Decidí empezar a buscar en otras iglesias y ser más abierta a otras religiones”.

A diferencia de Josh, Jennifer no ha encontrado su camino de regreso a la actividad en la Iglesia. “No tengo ningún resentimiento para con la Iglesia”, dijo ella. “Me siento bendecida por haber crecido en la Iglesia SUD… pero todavía me siento confundida porque aún no tengo las respuestas a todo”.

Ya sea que usted sea un líder en la Iglesia, padre o cónyuge, el ver que alguien por quien se preocupa se está alejando de las sendas de la Iglesia y las enseñanzas del Evangelio nunca es fácil. Orson F. Whitney compartió este mensaje de esperanza: “Aunquealgunas delas ovejas podrían alejarse, el ojo del pastor está sobre ellas y tarde o temprano sentirán los tentáculos de la divina providencia tender la mano hacia ellas y acercarlas de nuevo al rebaño”, en Conference Report, abril de 1929, pág. 110).

Después de que Dan regresó de servir en la Misión Colorado Colorado Springs, consiguió un trabajo y se matriculó en la universidad. La universidad y el trabajo se dirigían en la dirección correcta, pero Dan pronto se desanimó con su vida social, en particular con las citas. “Estaba tratando de encontrar personas para pasar el rato y con las que me pudiera conectar, pero no había nadie en la Iglesia”, dijo él.

Los amigos de Dan bebían alcohol y con el tiempo Dan también empezó a beber. “Llegué al punto en que me sentía tan frustrado que seguí bebiendo todas las noches… Me sentí culpable de mis actos y sentí que no podía volver”.

El presidente Ken Peterson, presidente de misión de la Misión Ohio Cleveland entre los años 2006 y 2009, dijo que algunos ex misioneros menos activos, “se sienten marginados porque en su interior sienten que son personas decepcionantes. Como resultado, se alejan de aquellos que consideran que han decepcionado”.

Los padres, amigos y líderes pueden ayudar, dijo el presidente Peterson. “Sean un buen ejemplo sin predicar. Acérquense a ellos”.

Eso es exactamente lo que le sucedió a Dan, cuando él y sus compañeros de cuarto asistieron a la noche de hogar de su barrio. “[Los miembros del barrio] nos rodearon”, continuó Dan. “Me sentía bien y yo sabía que quería estar cerca de estas personas. Eran amables y acogedores”. Su experiencia esa noche fue algo que nunca olvidó. Después de cinco años de inactividad, Dan volvió a la Iglesia en 2012 y se casó recientemente en el Templo de Salt Lake.


Josh, Jennifer, Dan y todos están de acuerdo que criticar o reprender a los ex misioneros por no ir a la Iglesia sólo los aleja más. “No juzguen un libro por su cubierta”, dijo Josh. “No saben lo que está pasando en sus vidas. Lo más importante que hay que hacer es ser su amigo”.

Jennifer estuvo de acuerdo. “Nunca se sabe lo que están pasando”, dijo ella. Siento que a menudo la gente no conoce mi corazón; sólo juzgan”.

El presidente Peterson ha visto a algunos de sus propios misioneros alejarse y está de acuerdo con el comentario anterior. “Es importante que los amemos. Vivimos en un mundo difícil y muchas veces no somos completamente conscientes de sus luchas personales”.

El presidente Thomas S. Monson dijo: “La vida no es perfecta para ninguno de nosotros. En vez de ser prejuiciosos y críticos los unos con los otros, ruego que podamos sentir el amor puro de Cristo hacia nuestros compañeros de viaje en esta jornada por la vida. Que podamos reconocer que cada [uno] está haciendo lo mejor que puede para enfrentar los retos que surgen en su camino, y que nos esforcemos por hacer lo mejor que nosotros podamos para ayudar” (“La caridad nunca deja de ser”, Reunión General de la Sociedad de Socorro, septiembre de 2010).

14 de octubre de 2013

Una Visión Eterna


CARLOS H. AMADO
Of the First Quorum of the Seventy
 Carlos H. Amado


“Extiendan su visión y reconozcan que tienen parentesco con Dios; eleven la vista y vivan dignos del sacerdocio que poseen.”
Siervo y servicio son palabras comunes en la Iglesia restaurada.

Alguien dijo: “El que no vive para servir no sirve para vivir”. Palabras sabias que se aplican a todo poseedor del sacerdocio. Una palabra que describe el sacerdocio es servicio; literalmente, todo hombre que recibe el sacerdocio es “llamado a servir”. El apóstol Pedro dijo que ustedes eran “… linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9). Ilustraré este concepto con un relato de la vida real.

María Coj era una joven miembro de la Iglesia que tenía 17 años y era la mayor de 8 hermanos. Había contraído una infección parasitaria, cisticercosis, al comer alimentos contaminados. Con el tiempo, el parásito en estado embrional formó un quiste en el cerebro de la jovencita, provocándole terribles dolores de cabeza y luego ceguera. Para aliviarle los dolores, fue necesario trasladarla desde su pueblo, Sololá, a la ciudad de Guatemala. Allí se agravó a causa de fuertes convulsiones por lo avanzado de la enfermedad. La mantenían con vida en un respirador artificial; evidentemente, no viviría mucho tiempo en esas condiciones.

Simultáneamente, Erika Alonzo, una niña miembro de la Iglesia de 12 años y parcialmente ciega, viajaba 22 horas en autobús desde Honduras a Guatemala para operarse de los ojos. Durante dos semanas esperó que llegara de los Estados Unidos una córnea joven para recibir el trasplante, pero no se conseguían. En esos días falleció María. Como la ceguera de la joven había sido causada por la presión del quiste en el cerebro, sus córneas eran sanas. Los padres de María autorizaron la donación. La operación tuvo éxito y el 12 de julio de 1993, Erika fue a Sololá a conocer a la familia Coj.

Asombrados, le preguntaron: “¿puedes ver?”, y ella les contestó: “Sí, veo todo con claridad”. Fue un encuentro muy espiritual. La hermana Coj, que no entendía mucho español porque su lengua madre es el cakchiquel, sintió de todos modos el espíritu y el amor que reinaba mientras conversaban. Gracias a la donación de la córnea de su hija, Erika ahora puede ver y disfrutar de cuanto la rodea. La muerte de una persona y el amor de sus padres fueron una bendición en la vida de otra. El milagro de la medicina actual de que alguien pueda ver con los ojos de otra persona es una asombrosa realidad.

Espiritualmente hablando, todos ustedes, jóvenes del Sacerdocio Aarónico, a través de los ojos de sus fieles padres, maestros, obispo, Apóstoles y profetas, pueden contemplar las bendiciones de esta vida y de la eternidad. Pueden descubrir así que, por medio de las donaciones pequeñas de tiempo, a diario, como el estudio de las Escrituras, la oración y la meditación, ellos les enseñarán que ustedes tienen algo divino en su interior.

Extiendan su visión y reconozcan que tienen parentesco con Dios; eleven la vista y vivan dignos del sacerdocio que poseen. Aprendan en la juventud a controlar sus pasiones, deseos y apetitos.

Prepárense seriamente para cumplir con la gloriosa responsabilidad de predicar las buenas nuevas de la Restauración, las cuales son: que Jesús es el Cristo y que no hay otro nombre dado en el cual haya salvación, que José Smith fue un profeta que, guiado por mensajeros divinos, restauró con poder y autoridad todas las ordenanzas y convenios que se encuentran en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. En todo poseedor

del sacerdocio debe arder la convicción personal de que la misión de Jesucristo fue única: como Hijo de un Padre Celestial Eterno y de una madre mortal especialmente escogida, llegó a ser el Unigénito, el Hijo de Dios, lo cual lo calificó para ser el Mediador, el Salvador y el Redentor del género humano.

Aunque lo calumniaron, escupieron, golpearon, azotaron y humillaron, permaneció “como una oveja muda ante sus escarnecedores” (Isaías 53:7). Murió a una edad temprana; era joven y fuerte, de sabiduría ¡limitada; cuando ustedes tengan 33 años lo comprenderán mejor. Su sacrificio fue doloroso pero imprescindible. Fue el primero que resucitó revestido de gloria y vida eterna.

La expiación del Hijo de Dios abrió la posibilidad para que todo el género humano pudiese volver a la presencia del Padre. Ahora nos dice que lo sigamos y que hagamos las cosas que le hemos visto hacer (véase 2 Nefi 31:12). Ahora, ustedes tienen el privilegio de servir dos años como misioneros con la única mira de glorificar a Dios y de edificar Su Reino (véase D. y C. 4:5). Durante ese tiempo, Cristo les refinará el espíritu, les moldeará el carácter e implantará en sus corazones los principios que les permitirán vivir con rectitud y gozo en esta vida y por la eternidad.

Puede que piensen que van a sacrificar mucho al alejarse de su familia o al dejar a un lado la educación, o incluso al dejar una vida cómoda. Otros tal vez se quejen de que la vida misional es rigurosa; sin embargo, los miles que ya han servido les testificarán que, al contar sus bendiciones, se han dado cuenta de que en realidad no han sacrificado nada.

Permítanme compartir con ustedes una experiencia de fe. El élder Hermelindo Coy era hijo único. Salió de su aldea, Senahú, por primera vez en su vida para entrar en el Centro de Capacitación Misional el 14 de marzo de 1991, y dejó sola a su mamá. Aunque tenía sólo dos años de ser miembro de la Iglesia y era muy tímido para hablar con la gente, su determinación de servir era grande. Había cursado menos de cinco años de escuela primaria en su idioma nativo kekchí, y el idioma oficial de Guatemala, el español, era una lengua extraña para él.

Durante su misión aprendió a vivir con dolor en una pierna y rara vez se quejaba. En agosto de 1992, además de sentir más dolor, notó que tenía algo anormal en la rodilla. Un examen médico diagnosticó que tenía cáncer en los huesos. Un estudio más minucioso reveló que el cáncer se había reproducido en el hígado, los pulmones y en el sistema linfático. En otras palabras, su enfermedad no tenía cura. El no entendía cuál era el problema ni la cansa ni la gravedad del mismo. Con la ayuda de un intérprete y con ejemplos de la vida del campo, se le ayudó a comprender que tenía poco tiempo de vida.

Nunca preguntó: ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí? No se lamentó ni expresó sentimientos negativos. Fue obediente a todo lo que se requirió de él. Se le preguntó si deseaba volver a casa, pero él pidió quedarse en la misión hasta donde le fuera posible servir, o hasta que muriera.

Para octubre de ese mismo año ya caminaba con dificultad y requería la ayuda de un bastón; sólo podía trabajar algunas horas al día; en diciembre ya no podía caminar. Fue la primera vez que se sintió desanimado porque no podía trabajar. Su preocupación siempre había sido que quién cuidaría de su madre cuando él muriera.

En una de sus visitas, el presidente de misión le pidió que enseñara la doctrina básica de la Iglesia a su mamá, quien, junto con las misioneras de bienestar, permanecían con él las 24 horas del día. Cuando le enseñó a su mamá el plan de salvación en su lengua nativa, irradiaba seguridad y luz; enseñaba con poder y convicción.

A medida que sus fuerzas se agotaban, tenía más y más confianza en el Señor. En una ocasión en que el dolor era muy intenso, expresó en una oración: “Padre Celestial, yo no sé el día ni la hora en que moriré, pero espero que pronto me digas cuál va a ser mi nueva asignación”.

Murió en febrero de 1993. Su ejemplo fue una bendición para todos los misioneros, los líderes, los miembros e incluso los que no eran miembros que se enteraron de su valor y de su perseverancia hasta el fin. Su fe era tan simple que se contagiaba. Nunca temió la muerte y fortaleció a todos los que lo conocieron.

Mis queridos jóvenes, les prometo que si sirven con la misma fe que lo hizo el élder Coy, y si aceptan mirar

a través de los ojos de sus padres y líderes que los aman, tendrán un testimonio más fuerte, verán más allá de lo que ven ahora e iluminarán a los que ahora están espiritualmente ciegos y los prepararán para volver a Cristo. Levántense y hagan brillar su luz, sean como los más de 49.000 misioneros que hoy llevan luz, esperanza y conocimiento a los que lo necesitan. Agrego mi testimonio a los demás, de la divinidad de esta obra, en el nombre de Jesucristo. Amén.