4 de marzo de 2013





Los miembros son la clave en la productividad del incremento del número de misioneros

  Por R. Scott Lloyd, redactor de Church News
  • 20 FEBRERO 2013

El élder Bryan Borrayo, de la Ciudad de Guatemala, Guatemala (frente) y el élder Carlos Arias Bermudez, de North Ogden, Utah, recorren un vecindario de un barrio de South Phoenix.  Foto por Jill Adair.




  • “Creo que el Espíritu del Señor tiene una influencia sobre esta generación de una manera que nunca antes habíamos visto que ocurriera, al menos no en mi vida, como resultado de una instrucción o anuncio específico que hizo el presidente de la Iglesia”. —Élder David F. Evans, de los Setenta

Con esa única palabra, el formulario refleja la alegría, entusiasmo y gratitud que los jóvenes Santos de los Últimos Días han demostrado desde que el presidente Thomas S. Monson hizo su trascendental e histórico anuncio en la Conferencia General de octubre pasado sobre la nueva norma de la disminución en la edad para la elegibilidad para la misión, de 18 años para los hombres jóvenes y de 19 años para las mujeres jóvenes.Una sola palabra en un formulario de aceptación del llamamiento misional recibido recientemente en las Oficinas Generales de la Iglesia, fue elocuente por su brevedad. En el espacio para la respuesta estaba la palabra “¡Sí!!!” escrito a mano con letras coloridas y grandes.
La respuesta fue inmediata y sin precedentes. Continúa hoy en día, hasta el punto de que el número de la fuerza misional de la Iglesia ahora supera los 60.000 por primera vez en muchos años.
“Estamos encantados con la respuesta”, dijo el élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles, en una entrevista reciente, reconociendo el sacrificio de tantos jóvenes, matrimonios mayores y las familias que los apoyan.
“El primer sentimiento es de un profundo agradecimiento por el compromiso y la consagración de las familias de estos misioneros”, dijo el élder Nelson, quien es el presidente del Comité Ejecutivo Misional de la Iglesia.
“Surge la pregunta sobre qué haremos con todos estos misioneros”, dijo, “y la respuesta es que los misioneros harán lo que los misioneros han hecho siempre. Predicarán el Evangelio. Ellos enseñarán, testificarán, rescatarán y bendecirán la vida de los hijos de Dios”.
La gran cantidad de respuestas como resultado del cambio se ilustra en el número de misiones nuevas que se están creando este año. Como se muestra en elreciente anuncio, hay 58 misiones nuevas, aumentando el número de 347 a 405.
“Creemos que los miembros son la clave para hacer que este gran número de misioneros sean particularmente productivos”, comentó el élder Nelson.
“Tenemos que ser más eficientes en el uso del valioso tiempo y servicio de los misioneros, lo que significa que los miembros, el consejo de barrio y los líderes misionales de barrio ahora tendrán que unir sus esfuerzos, al hacer que los misioneros estén disponibles en unidades individuales de la Iglesia”.
El élder Nelson agrega: “Esperamos que nuestros consejos de barrio y los líderes misionales de barrio jueguen una función activa en llenar las agendas diarias para estos misioneros, para que tengan citas con un propósito, sean significativas y pertinentes para rescatar a los miembros menos activos de la Iglesia y a sus amigos no miembros y parientes que están entre nosotros”.
El élder David F. Evans, de los Setenta, Director Ejecutivo del Departamento misional, dijo que la magnitud de la respuesta no era del todo inesperada.
Aun así, “es tan gratificante ver que lo que se imaginó la Primera Presidencia y los Doce, al tener fe, valentía y responder a las impresiones espirituales profundas acerca de realizar este cambio, ha dado sus frutos”, dijo.
Más allá de ser significativo, el aumento en el interés en servir en una misión es sostenible, dijo el élder Evans.
“Por supuesto, habrá un aumento que durará unos tres años”, dijo él, refiriéndose al número de jóvenes que ya estaban ansiosos esperando para servir en una misión y ahora pueden servir como resultado de la disminución en la edad para la elegibilidad.
“Pero lo que estamos haciendo es edificar y crear misiones para lo que esperamos será necesario después de la cantidad de misioneros que tendremos debido a este aumento. Así que esperamos no tener que cerrar ninguna misión a medida que avanzamos; creemos que 405 es el número adecuado para manejar el aumento de misioneros después de este incremento”.
Por lo tanto, incluso después de este aumento, el número de misioneros será mucho más alto de lo que es hasta ahora, dijo el élder Evans.
“Además, hay una gran cantidad de matrimonios mayores que han escogido servir”, agregó. “Me considero joven, pero mi generación está empezando una edad en la que podrían servir otra vez.
“Por lo tanto, como el presidente Monson ha llamado a más misioneros, vemos que hay más parejas que toman esa decisión, mientras aún están lo suficientemente fuertes como para servir de manera activa y servir de nuevo. Eso ha sido muy, muy gratificante. Y yo haría hincapié en que no sólo necesitamos jóvenes élderes y hermanas, sino que necesitamos más matrimonios misioneros, y siempre vamos a necesitar matrimonios misioneros. Ellos ayudan de manera notable”.
Como lo hizo el élder Nelson, el élder Evans dijo que la obra misional funciona mejor si los miembros y los misioneros trabajan juntos “y si los miembros y sus líderes reconocen que no es una carga tener más misioneros, sino que ésta es la mayor oportunidad para tener un recurso más grande para ayudar como nunca antes hemos tenido.
El élder Evans reconoció que serán necesarios algunos sacrificios adicionales, en especial las familias que ahora tienen más de un misionero que presta servicio al mismo tiempo.
“Pero les digo que ésta va a ser la época más maravillosa”, exclamó. “Si alguna vez han tenido a un misionero en la misión, saben que no hay nada más dulce que una familia reunida y orando por su hijo o hija, o su hermano o hermana —o a veces, sus padres o abuelos— pidiendo al Señor que los bendiga mientras sirven una misión. Nada, en realidad, es más motivador para las familias que tener a alguien prestando servicio y tener esa oportunidad para reflexionar sobre nuestro propio compromiso de ayudar a las demás personas que nos rodean y llevar las bendiciones del Evangelio a la vida de los demás”.

El élder Ernest P. Robison y la hermana Anneke Robison, de la Misión Utah Salt Lake Central sirven como misioneros de tiempo completo en la Estaca Murray Norte, Utah. Fotografía por Sarah Jane Weaver.
En cuanto a los jóvenes futuros misioneros, el élder Evans dijo que su entusiasmo y dedicación se refleja en la carta que recibió de un joven miembro de su barrio en la época navideña. El joven informó que él y sus amigos están hablando y comportándose de forma diferente porque tienen su mira puesta en ser misioneros pronto.
“Creo que el Espíritu del Señor tiene una influencia sobre esta generación de una manera que nunca antes habíamos visto que ocurriera, al menos no en mi vida, como resultado de una instrucción o anuncio específico que hizo el presidente de la Iglesia”, dijo él.
Los jóvenes, dijo él, pueden prepararse ahora, en primer lugar al leer el Libro de Mormón y así obtener el testimonio base del evangelio de Cristo.
“Además de eso, deben actuar según su fe”, dijo él. “Deben estar guardando los mandamientos y deben vivir de una buena manera”.
No deben complicarse demasiado la manera de vivir el Evangelio, dijo él. “Simplemente sean buenos. Saben lo que deben hacer y el Espíritu Santo les avisará sobre las cosas que no deberían hacer”.
Los jóvenes deben centrarse en la dignidad del templo, aconsejó. “En concordancia con las palabras de los profetas en la actualidad, participen en historia familiar y la obra del templo a tal punto que lo hagan estén donde estén.
“El resultado natural de ello es el deseo de compartir el Evangelio. Sentirán la bondad de ello ustedes mismos y desearán compartirlo con otras personas”.
Él reconoció que para los jóvenes que se acercan a los 18 años, el futuro servicio misional de repente se aproxima y, para algunos, puede resultar intimidatorio.

Los misioneros en el Distrito San Clemente, de la Misión California Carlsbad, participan en la reunión de distrito en el centro de Estaca California San Clemente. De izquierda a derecha, la hermana Noelle Longhurst, de Layton, Utah; la hermana Leen Nauta, de Bora Bora; el élder Reef Johnston, de Bozeman, Montana; el élder Justin Stedman, de Taylor, Arizona; el élder Anthony Wright, de Draper, Utah; y el élder Chase Stevens, de Washington, Utah. Foto por Alan Gibby.
“El presidente Monson dijo que no es un mandamiento que todo joven de 18 años deba ir, o que toda jovencita vaya a los 19 años, pero dijo que ahora cada uno tiene la opción de hacerlo, y en consejo con sus padres, sus líderes del sacerdocio y su Padre Celestial deben averiguar qué deben hacer”.
Agregó: “Pero una vez que sepamos lo que debemos hacer, entonces es imperativo que cada uno de nosotros obre con fe, para caminar a la orilla donde comienza la luz, y tal vez algunos pasos más allá, desde donde no podemos siquiera distinguir entre el final y el principio, pero saber que es en esa dirección en la que debemos de ir. Cuando andamos con fe, todas las respuestas vienen”.
El élder Evans afirmó: “Se va a requerir fe. Se va a tener que hacer cambio de planes. Va a ser una experiencia maravillosa. Y habrá miles y miles de jóvenes de esta Iglesia que crecerán impresionantemente como resultado de hacer exactamente lo que el presidente Monson pidió que hagan, lo cual es deliberar en consejo con sus padres, hablar con su obispo y presentar todo al Señor para saber lo que Él desea que hagan. ¡Y entonces hacerlo!”.

La hermana Eloisa Cirne, de la Estaca Phoenix, Arizona, se reúne con los misioneros que sirven en su estaca: el élder Scott Larsen (centro), de Skaneateles, Nueva York, y Juan Castaños, de Richmond, Virginia. Foto por Jill Adair.

22 de febrero de 2013


El Distrito



Estos segmentos de videos muestran misioneros, miembros e investigadores de la vida real y en situaciones misionales sin guion, improvisadas y actuales.

https://www.lds.org/callings/missionary/the-district?lang=spa

8 de febrero de 2013


Unas palabras para el misionero indeciso














MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA
Unas palabras para el misionero indeciso
POR EL PRESIDENTE DIETER F. UCHTDORF
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Unas palabras para el misionero indeciso
Los discípulos de Jesucristo siempre han tenido la obligación de llevar Su evangelio al mundo (véase Marcos 16:15–16); sin embargo, a veces se nos hace difícil abrir la boca y hablar de nuestra fe a los que nos rodean. Mientras que algunos miembros de la Iglesia tienen un don natural para hablar de religión con las personas, otros se muestran un tanto indecisos o se sienten incómodos, avergonzados o incluso temerosos de hacerlo.

Con ese fin, quiero proponer cuatro cosas que cualquier persona puede hacer para cumplir con la comisión del Salvador de predicar el Evangelio “a toda criatura” (D. y C. 58:64).

Sean una luz
Uno de mis dichos favoritos que muchas veces se atribuye a San Francisco de Asís, dice: “Prediquen el Evangelio en todo momento y, si es necesario, empleen palabras”1. Lo implícito en ese dicho es que muchas veces los sermones más potentes son los que no se expresan en forma hablada.

Si tenemos integridad y somos constantes en vivir de acuerdo con nuestras normas, la gente lo nota; y si irradiamos gozo y felicidad, lo notan aún más.

Toda persona quiere ser feliz, y cuando los miembros de la Iglesia irradiamos la luz del Evangelio, la gente ve nuestra felicidad y percibe el amor de Dios que llena nuestra vida hasta inundarla, y quieren saber el porqué; quieren entender nuestro secreto.

Eso los lleva a hacer preguntas como: “¿Por qué eres tan feliz?” o “¿Cómo puedes tener siempre una actitud tan positiva?”. Por supuesto, las respuestas a estas preguntas son perfectas para llevar a una conversación sobre el evangelio restaurado de Jesucristo.

Anímense a conversar
Sacar el tema de religión, particularmente entre amigos y otros seres queridos, puede resultar intimidante y difícil; pero no tiene por qué ser así. El mencionar experiencias espirituales o hablar de actividades o sucesos de la Iglesia en una conversación casual puede ser fácil y agradable si aplicamos un poco de valor y sentido común.

Harriet, mi esposa, es un ejemplo extraordinario de eso. Cuando vivíamos en Alemania, ella encontraba la forma de mezclar temas relacionados con la Iglesia en sus conversaciones con amigos y conocidos. Por ejemplo, si alguien le preguntaba cómo había sido su fin de semana, decía: “El domingo tuvimos una experiencia admirable en la Iglesia: frente a nuestra congregación de doscientas personas, un jovencito de dieciséis años dio un hermoso discurso sobre el tema de llevar una vida limpia”. O “Me contaron de una señora que tiene noventa años y tejió más de quinientas frazadas que donó al programa humanitario de nuestra Iglesia para que las enviaran a gente necesitada de todo el mundo”.

La mayoría de las veces las personas que la escuchaban querían saber más y le hicieron preguntas; eso condujo a oportunidades de hablar sobre el Evangelio de forma natural, confiada y respetuosa.

Con la aparición de internet y los medios sociales de difusión, actualmente es más fácil que nunca hablar sobre esos temas en conversaciones casuales. Lo que nos hace falta es, sencillamente, el valor de hacerlo.

Sean muy corteses
Lamentablemente, es muy fácil ser desagradable; demasiado a menudo discutimos acaloradamente, menospreciamos y condenamos. Si nos enojamos y somos groseros e hirientes con las personas, lo último que querrán será saber algo más sobre nosotros. Es imposible saber cuánta gente se ha apartado de la Iglesia o no se ha unido a ella porque alguien les dijo algo que los hirió u ofendió.

Existe tanta descortesía en el mundo de hoy. Debido a la condición anónima del internet, es más fácil que nunca poner en línea expresiones dañinas e irritantes. Ya que somos discípulos de nuestro bondadoso Cristo, llenos de esperanza, ¿no deberíamos nosotros tener una norma más elevada y caritativa? Las Escrituras nos enseñan: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Colosenses 4:6).

Me gusta la idea de que nuestras palabras sean claras como un cielo despejado y llenas de gracia. ¿Pueden imaginar lo que serían nuestras familias, nuestros barrios, nuestras naciones e incluso el mundo si adoptáramos ese sencillo principio?

Estén llenos de fe
En cuanto a que los demás acepten o no el Evangelio, a veces nos damos demasiado crédito o nos echamos demasiada culpa; es importante recordar que el Señor no espera que seamos nosotros quienes convirtamos a las personas.

La conversión no tiene lugar por nuestras palabras sino mediante las ministraciones celestiales del Santo Espíritu. A veces, todo lo que se requiere para motivar un corazón a que se ablande o para abrir una puerta que lleve a otra persona a percibir verdades sublimes por las impresiones del Espíritu, es una sola frase de nuestro testimonio o sobre una experiencia particular.

El presidente Brigham Young (1801–1877) dijo que supo que el Evangelio era verdadero cuando “[vio] a un hombre sin elocuencia ni talentos para hablar en público que sólo pudo decir: ‘Yo sé, por el poder del Espíritu Santo, que el Libro de Mormón es verdadero, que José Smith es un Profeta del Señor’”. El presidente Young agregó que cuando escuchó ese humilde testimonio, “el Espíritu Santo que procedía de aquel individuo [iluminó] mi entendimiento y [percibí] la luz, la gloria y la inmortalidad manifiestas ante mí”2.

Hermanos y hermanas, tengan fe. El Señor puede magnificar las palabras que pronuncien y hacerlas poderosas. Dios no les pide que conviertan a las personas sino que abran la boca; ustedes no tienen la tarea de convertir, eso les corresponde a la persona que escucha y al Santo Espíritu.

Todo miembro un misionero
Mis queridos amigos, en nuestros días existen más vías que nunca para que abramos la boca y compartamos las gozosas nuevas del evangelio de Jesucristo con los demás. Hay una forma de que todos participen en esta gran obra, incluso el misionero indeciso. Cada uno de nosotros puede buscar una manera de utilizar nuestros talentos e intereses particulares a fin de apoyar la gran obra de llenar el mundo con luz y verdad. Al hacerlo, hallaremos el gozo que reciben los que son lo suficientemente fieles y valientes para “ser testigos de Dios en todo tiempo” (Mosíah 18:9).

Cómo enseñar con este mensaje
Una manera eficaz de enseñar es alentar “a quienes enseña para que establezcan… metas que puedan ayudarles a vivir el principio que se les haya enseñado” (La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 207). Consideren la idea de invitar a aquellos a quienes enseñan a orar para establecer una meta de compartir el Evangelio con una o más personas este mes. Tal vez los padres quieran hablar de las formas en que los niños más pequeños podrían contribuir; y ustedes también pueden ayudar a los miembros de la familia a analizar o ensayar maneras de sacar el tema del Evangelio en conversaciones y a pensar en futuras actividades de la Iglesia a las cuales puedan invitar a un amigo.

Jóvenes
Compartir con una amiga
Por Adriana Vásquez, Colombia
Un día, mientras estudiaba para mi clase de seminario, tuve una impresión hermosa y clara; al leer la lección para el día siguiente, vi el rostro de una amiga de la escuela y tuve la fuerte impresión de que debía compartir mi testimonio con ella.

A pesar de la claridad de esa impresión, tenía miedo. Me preocupaba que mi amiga me rechazara, sobre todo porque no parecía ser la clase de persona que estuviera interesada en unirse a la Iglesia.

 Recordé un discurso de la hermana Mary N. Cook, de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, en el cual nos instó a trabajar con tenacidad y a ser valientes1.Yo quería ser así, de manera que le escribí una carta a esa muchacha donde le testifiqué de la veracidad de la Iglesia y de mi amor por el Libro de Mormón. Al día siguiente coloqué en su mochila un ejemplar del Libro de Mormón junto con la carta.

 Para mi sorpresa, mi amiga se mostró muy receptiva al Evangelio y, a partir de ese día, me contaba lo que había aprendido en su estudio del Libro de Mormón. Unas semanas más tarde, le presenté a los misioneros y casi de inmediato ella recibió una confirmación del Espíritu Santo de que lo que estaba aprendiendo era verdadero. Los misioneros y yo nos emocionamos cuando ella nos habló de sus sentimientos. Al poco tiempo, mi amiga se bautizó y sus padres se sorprendieron al ver los cambios que se habían producido en ella.

 Estoy muy feliz de haber superado mis temores y de haber ayudado a llevar el Evangelio a su vida.

Nota

  1. Véase Mary N. Cook, “¡Nunca, nunca, nunca se den por vencidas!”, Liahona, mayo de 2010, págs. 117–119.
Niños
Puedo ser una luz para los demás
El presidente Uchtdorf dice que a fin de ser una luz para los demás, nuestras palabras deben ser “claras como un cielo despejado y llenas de gracia”. Nuestras palabras deben ser alegres, honestas y amables. ¿Qué puedes hacer o decir a fin de ser una luz para los demás? Para encontrar un mensaje oculto en los cuadros, colorea de negro aquellos en los que aparezcan expresiones o acciones crueles o hirientes.

“Gracias”

Sé feliz

Sé un pacificador

“Compartiré contigo”

Sé cortés

“Lo siento”

Discutir

“Me da gusto verte”

Pelear

“Me encantaría ayudar”

“Por favor”

Sé amable

“Quítate de mi camino”

“Te quiero”

“De nada”

Enojarse

“Bien hecho”

Hacer un cumplido

“Seamos amigos”

Ignorar

Ayudar a alguien

Ofender

Chismear

Acosar

Sé amable

Podrías escribir en tu diario cinco cosas buenas que pienses decir a los miembros de tu familia o a tus amigos.

Mostrar referencias


http://www.lds.org/liahona/2013/02/a-word-for-the-hesitant-missionary?lang=spa&country=mx

21 de enero de 2013



¿Cuándo debería servir?


Cuando se anunciaron los cambios en la edad de elegibilidad para misioneros, es posible que tu “plan de vida” se haya modificado y ya no estés seguro sobre cuándo deberías ir a la misión. Cuándo servir en una misión es una decisión importante. Sigue leyendo para encontrar sugerencias útiles acerca de cuándo debes prestar servicio y cómo prepararte para estar listo cuando el Señor te necesite.

¿Cuándo puedo ir?

Ahora los jovencitos pueden ir a la misión a los 18 años, siempre y cuando hayan terminado la escuela secundaria. Pero sólo porque ahora pueden servir antes, no significa que tienen que hacerlo. En una conferencia de prensa [en inglés] posterior al anuncio de los cambios de edad, el élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles, declaró: “No estamos sugiriendo que todos los hombres jóvenes vayan o deban servir antes. Muchos aún prefieren comenzar a los 19 años o más adelante”.


Ya sea que decidas ir antes o después, puedes enviar la documentación de la recomendación misional 120 días antes de la fecha en que desees iniciar tu servicio como misionero. Independientemente de cuándo vayas, deberás estar preparado para cumplir con los requisitos espirituales y físicos. Recuerda que lo importante no es la edad que tengas, sino cuán preparado estés.

“Si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados a la obra… y fe, esperanza, caridad y amor, con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios, lo califican para la obra” (D. y C. 4:3–5).

¿Cómo puedo prepararme?

Si no lo has hecho ya, adquiere y mantén una rutina diaria del estudio de las Escrituras. Además de estudiar las Escrituras, especialmente el Libro de Mormón, estudia Predicad Mi Evangelio y el Manual misional. Debes ser capaz de enseñar las lecciones que se encuentran en el capítulo tres de Predicad Mi Evangelio, así como tener un testimonio personal. No es necesario tener todas las respuestas, pero debes saber cómo encontrar las que necesitas a través del estudio y la oración. No importa si sientes que necesitas mejorar en algunas áreas. Elabora un plan para fortalecer tus debilidades y síguelo.

Prepárate ahora a fin de estar listo para servir cuando llegue el momento. Sabrás cuándo lo estarás a medida que consultes con tus padres y líderes de la Iglesia con espíritu de oración.
Los misioneros también deben ser capaces de cuidar de sí mismos, incluso lavar la ropa, coser botones, preparar comidas, vivir dentro de un presupuesto, etc. Asegúrate de practicar una higiene adecuada y de cumplir con los requisitos físicos. Esto puede implicar aprender nuevas habilidades o cómo vivir de manera más saludable.

¿Qué debo hacer con la universidad?

Si tienes previsto asistir a la universidad, es una buena idea seguir adelante e inscribirte en los plazos normales mientras aún estás en la escuela secundaria. Una vez que te acepten puedes solicitar un aplazamiento en la mayoría de las universidades, en caso de que decidas servir justo después de graduarte de la escuela secundaria. De este modo estarás preparado para seguir avanzando después de tu misión.

¿Cómo sabré cuándo estoy listo para servir en una misión?

Reunirte con tu obispo te ayudará a saber cuándo estarás listo para servir. El élder Nelson explicó: “Estos ajustes en la edad son unas opciones nuevas que están disponibles para que los obispos evalúen qué es lo mejor para cada uno de sus jóvenes. Los jóvenes y las jovencitas no deben comenzar su servicio antes de que estar tanto temporal como espiritualmente”. Muchos factores, tales como la escuela, la salud, la dignidad, las finanzas o la preparación, afectan a cuándo debes servir. Considera todas las opciones con espíritu de oración. La oración constante y las reuniones regulares con tus líderes locales del sacerdocio te ayudarán a saber cuándo estarás lo suficientemente preparado.

Preparación económica


Los misioneros y sus familias deben hacer los sacrificios apropiados para proporcionar el sostén económico para una misión. Consulta con tus padres y tu obispo en cuanto a tu situación específica.

¿Cómo comienzo el proceso de recomendación para misioneros?

Si tú y tu obispo habéis determinado que estás listo, él establecerá una cuenta que te permita acceder al sistema en línea de recomendación misional y comenzará la documentación para tu misión. Algunas de las cosas que necesitas hacer incluyen un examen médico, actualizar tus vacunas y obtener una aprobación de salud dental. También se te pedirá proporcionar información personal y enviar una foto tuya.

¿Cuándo puedo ir al templo?

Una de las más grandes bendiciones relacionadas con la preparación para tu misión es la oportunidad de recibir la investidura del templo después de recibir el Sacerdocio de Melquisedec y tu llamamiento misional. Tú y tus padres debéis trabajar con tu obispo para decidir cuándo estarás listo para hacer y guardar los convenios sagrados. Estudia el manual de preparación para el templo y asegúrate de que tu conducta esté en consonancia con las normas de dignidad del templo.

Prepárate ahora

Prepárate ahora a fin de estar listo para servir cuando llegue el momento. Sabrás cuándo lo estarás a medida que consultes con tus padres y líderes de la Iglesia con espíritu de oración.

Aprende más sobre cómo prepararte para servir una misión en la sección La preparación para servir.

Encuentra respuestas a preguntas frecuentes acerca de cómo prepararte para servir.

Lee “Preparándose para servir: Sugerencias para las Mujeres Jóvenes ”.



TEMAS: Preparación misional


//www.lds.org/youth/article/when-should-i-serve?lang=spa