22 de febrero de 2013


El Distrito



Estos segmentos de videos muestran misioneros, miembros e investigadores de la vida real y en situaciones misionales sin guion, improvisadas y actuales.

https://www.lds.org/callings/missionary/the-district?lang=spa

8 de febrero de 2013


Unas palabras para el misionero indeciso














MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA
Unas palabras para el misionero indeciso
POR EL PRESIDENTE DIETER F. UCHTDORF
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Unas palabras para el misionero indeciso
Los discípulos de Jesucristo siempre han tenido la obligación de llevar Su evangelio al mundo (véase Marcos 16:15–16); sin embargo, a veces se nos hace difícil abrir la boca y hablar de nuestra fe a los que nos rodean. Mientras que algunos miembros de la Iglesia tienen un don natural para hablar de religión con las personas, otros se muestran un tanto indecisos o se sienten incómodos, avergonzados o incluso temerosos de hacerlo.

Con ese fin, quiero proponer cuatro cosas que cualquier persona puede hacer para cumplir con la comisión del Salvador de predicar el Evangelio “a toda criatura” (D. y C. 58:64).

Sean una luz
Uno de mis dichos favoritos que muchas veces se atribuye a San Francisco de Asís, dice: “Prediquen el Evangelio en todo momento y, si es necesario, empleen palabras”1. Lo implícito en ese dicho es que muchas veces los sermones más potentes son los que no se expresan en forma hablada.

Si tenemos integridad y somos constantes en vivir de acuerdo con nuestras normas, la gente lo nota; y si irradiamos gozo y felicidad, lo notan aún más.

Toda persona quiere ser feliz, y cuando los miembros de la Iglesia irradiamos la luz del Evangelio, la gente ve nuestra felicidad y percibe el amor de Dios que llena nuestra vida hasta inundarla, y quieren saber el porqué; quieren entender nuestro secreto.

Eso los lleva a hacer preguntas como: “¿Por qué eres tan feliz?” o “¿Cómo puedes tener siempre una actitud tan positiva?”. Por supuesto, las respuestas a estas preguntas son perfectas para llevar a una conversación sobre el evangelio restaurado de Jesucristo.

Anímense a conversar
Sacar el tema de religión, particularmente entre amigos y otros seres queridos, puede resultar intimidante y difícil; pero no tiene por qué ser así. El mencionar experiencias espirituales o hablar de actividades o sucesos de la Iglesia en una conversación casual puede ser fácil y agradable si aplicamos un poco de valor y sentido común.

Harriet, mi esposa, es un ejemplo extraordinario de eso. Cuando vivíamos en Alemania, ella encontraba la forma de mezclar temas relacionados con la Iglesia en sus conversaciones con amigos y conocidos. Por ejemplo, si alguien le preguntaba cómo había sido su fin de semana, decía: “El domingo tuvimos una experiencia admirable en la Iglesia: frente a nuestra congregación de doscientas personas, un jovencito de dieciséis años dio un hermoso discurso sobre el tema de llevar una vida limpia”. O “Me contaron de una señora que tiene noventa años y tejió más de quinientas frazadas que donó al programa humanitario de nuestra Iglesia para que las enviaran a gente necesitada de todo el mundo”.

La mayoría de las veces las personas que la escuchaban querían saber más y le hicieron preguntas; eso condujo a oportunidades de hablar sobre el Evangelio de forma natural, confiada y respetuosa.

Con la aparición de internet y los medios sociales de difusión, actualmente es más fácil que nunca hablar sobre esos temas en conversaciones casuales. Lo que nos hace falta es, sencillamente, el valor de hacerlo.

Sean muy corteses
Lamentablemente, es muy fácil ser desagradable; demasiado a menudo discutimos acaloradamente, menospreciamos y condenamos. Si nos enojamos y somos groseros e hirientes con las personas, lo último que querrán será saber algo más sobre nosotros. Es imposible saber cuánta gente se ha apartado de la Iglesia o no se ha unido a ella porque alguien les dijo algo que los hirió u ofendió.

Existe tanta descortesía en el mundo de hoy. Debido a la condición anónima del internet, es más fácil que nunca poner en línea expresiones dañinas e irritantes. Ya que somos discípulos de nuestro bondadoso Cristo, llenos de esperanza, ¿no deberíamos nosotros tener una norma más elevada y caritativa? Las Escrituras nos enseñan: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Colosenses 4:6).

Me gusta la idea de que nuestras palabras sean claras como un cielo despejado y llenas de gracia. ¿Pueden imaginar lo que serían nuestras familias, nuestros barrios, nuestras naciones e incluso el mundo si adoptáramos ese sencillo principio?

Estén llenos de fe
En cuanto a que los demás acepten o no el Evangelio, a veces nos damos demasiado crédito o nos echamos demasiada culpa; es importante recordar que el Señor no espera que seamos nosotros quienes convirtamos a las personas.

La conversión no tiene lugar por nuestras palabras sino mediante las ministraciones celestiales del Santo Espíritu. A veces, todo lo que se requiere para motivar un corazón a que se ablande o para abrir una puerta que lleve a otra persona a percibir verdades sublimes por las impresiones del Espíritu, es una sola frase de nuestro testimonio o sobre una experiencia particular.

El presidente Brigham Young (1801–1877) dijo que supo que el Evangelio era verdadero cuando “[vio] a un hombre sin elocuencia ni talentos para hablar en público que sólo pudo decir: ‘Yo sé, por el poder del Espíritu Santo, que el Libro de Mormón es verdadero, que José Smith es un Profeta del Señor’”. El presidente Young agregó que cuando escuchó ese humilde testimonio, “el Espíritu Santo que procedía de aquel individuo [iluminó] mi entendimiento y [percibí] la luz, la gloria y la inmortalidad manifiestas ante mí”2.

Hermanos y hermanas, tengan fe. El Señor puede magnificar las palabras que pronuncien y hacerlas poderosas. Dios no les pide que conviertan a las personas sino que abran la boca; ustedes no tienen la tarea de convertir, eso les corresponde a la persona que escucha y al Santo Espíritu.

Todo miembro un misionero
Mis queridos amigos, en nuestros días existen más vías que nunca para que abramos la boca y compartamos las gozosas nuevas del evangelio de Jesucristo con los demás. Hay una forma de que todos participen en esta gran obra, incluso el misionero indeciso. Cada uno de nosotros puede buscar una manera de utilizar nuestros talentos e intereses particulares a fin de apoyar la gran obra de llenar el mundo con luz y verdad. Al hacerlo, hallaremos el gozo que reciben los que son lo suficientemente fieles y valientes para “ser testigos de Dios en todo tiempo” (Mosíah 18:9).

Cómo enseñar con este mensaje
Una manera eficaz de enseñar es alentar “a quienes enseña para que establezcan… metas que puedan ayudarles a vivir el principio que se les haya enseñado” (La enseñanza: El llamamiento más importante, 2000, pág. 207). Consideren la idea de invitar a aquellos a quienes enseñan a orar para establecer una meta de compartir el Evangelio con una o más personas este mes. Tal vez los padres quieran hablar de las formas en que los niños más pequeños podrían contribuir; y ustedes también pueden ayudar a los miembros de la familia a analizar o ensayar maneras de sacar el tema del Evangelio en conversaciones y a pensar en futuras actividades de la Iglesia a las cuales puedan invitar a un amigo.

Jóvenes
Compartir con una amiga
Por Adriana Vásquez, Colombia
Un día, mientras estudiaba para mi clase de seminario, tuve una impresión hermosa y clara; al leer la lección para el día siguiente, vi el rostro de una amiga de la escuela y tuve la fuerte impresión de que debía compartir mi testimonio con ella.

A pesar de la claridad de esa impresión, tenía miedo. Me preocupaba que mi amiga me rechazara, sobre todo porque no parecía ser la clase de persona que estuviera interesada en unirse a la Iglesia.

 Recordé un discurso de la hermana Mary N. Cook, de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, en el cual nos instó a trabajar con tenacidad y a ser valientes1.Yo quería ser así, de manera que le escribí una carta a esa muchacha donde le testifiqué de la veracidad de la Iglesia y de mi amor por el Libro de Mormón. Al día siguiente coloqué en su mochila un ejemplar del Libro de Mormón junto con la carta.

 Para mi sorpresa, mi amiga se mostró muy receptiva al Evangelio y, a partir de ese día, me contaba lo que había aprendido en su estudio del Libro de Mormón. Unas semanas más tarde, le presenté a los misioneros y casi de inmediato ella recibió una confirmación del Espíritu Santo de que lo que estaba aprendiendo era verdadero. Los misioneros y yo nos emocionamos cuando ella nos habló de sus sentimientos. Al poco tiempo, mi amiga se bautizó y sus padres se sorprendieron al ver los cambios que se habían producido en ella.

 Estoy muy feliz de haber superado mis temores y de haber ayudado a llevar el Evangelio a su vida.

Nota

  1. Véase Mary N. Cook, “¡Nunca, nunca, nunca se den por vencidas!”, Liahona, mayo de 2010, págs. 117–119.
Niños
Puedo ser una luz para los demás
El presidente Uchtdorf dice que a fin de ser una luz para los demás, nuestras palabras deben ser “claras como un cielo despejado y llenas de gracia”. Nuestras palabras deben ser alegres, honestas y amables. ¿Qué puedes hacer o decir a fin de ser una luz para los demás? Para encontrar un mensaje oculto en los cuadros, colorea de negro aquellos en los que aparezcan expresiones o acciones crueles o hirientes.

“Gracias”

Sé feliz

Sé un pacificador

“Compartiré contigo”

Sé cortés

“Lo siento”

Discutir

“Me da gusto verte”

Pelear

“Me encantaría ayudar”

“Por favor”

Sé amable

“Quítate de mi camino”

“Te quiero”

“De nada”

Enojarse

“Bien hecho”

Hacer un cumplido

“Seamos amigos”

Ignorar

Ayudar a alguien

Ofender

Chismear

Acosar

Sé amable

Podrías escribir en tu diario cinco cosas buenas que pienses decir a los miembros de tu familia o a tus amigos.

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http://www.lds.org/liahona/2013/02/a-word-for-the-hesitant-missionary?lang=spa&country=mx

21 de enero de 2013



¿Cuándo debería servir?


Cuando se anunciaron los cambios en la edad de elegibilidad para misioneros, es posible que tu “plan de vida” se haya modificado y ya no estés seguro sobre cuándo deberías ir a la misión. Cuándo servir en una misión es una decisión importante. Sigue leyendo para encontrar sugerencias útiles acerca de cuándo debes prestar servicio y cómo prepararte para estar listo cuando el Señor te necesite.

¿Cuándo puedo ir?

Ahora los jovencitos pueden ir a la misión a los 18 años, siempre y cuando hayan terminado la escuela secundaria. Pero sólo porque ahora pueden servir antes, no significa que tienen que hacerlo. En una conferencia de prensa [en inglés] posterior al anuncio de los cambios de edad, el élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles, declaró: “No estamos sugiriendo que todos los hombres jóvenes vayan o deban servir antes. Muchos aún prefieren comenzar a los 19 años o más adelante”.


Ya sea que decidas ir antes o después, puedes enviar la documentación de la recomendación misional 120 días antes de la fecha en que desees iniciar tu servicio como misionero. Independientemente de cuándo vayas, deberás estar preparado para cumplir con los requisitos espirituales y físicos. Recuerda que lo importante no es la edad que tengas, sino cuán preparado estés.

“Si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados a la obra… y fe, esperanza, caridad y amor, con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios, lo califican para la obra” (D. y C. 4:3–5).

¿Cómo puedo prepararme?

Si no lo has hecho ya, adquiere y mantén una rutina diaria del estudio de las Escrituras. Además de estudiar las Escrituras, especialmente el Libro de Mormón, estudia Predicad Mi Evangelio y el Manual misional. Debes ser capaz de enseñar las lecciones que se encuentran en el capítulo tres de Predicad Mi Evangelio, así como tener un testimonio personal. No es necesario tener todas las respuestas, pero debes saber cómo encontrar las que necesitas a través del estudio y la oración. No importa si sientes que necesitas mejorar en algunas áreas. Elabora un plan para fortalecer tus debilidades y síguelo.

Prepárate ahora a fin de estar listo para servir cuando llegue el momento. Sabrás cuándo lo estarás a medida que consultes con tus padres y líderes de la Iglesia con espíritu de oración.
Los misioneros también deben ser capaces de cuidar de sí mismos, incluso lavar la ropa, coser botones, preparar comidas, vivir dentro de un presupuesto, etc. Asegúrate de practicar una higiene adecuada y de cumplir con los requisitos físicos. Esto puede implicar aprender nuevas habilidades o cómo vivir de manera más saludable.

¿Qué debo hacer con la universidad?

Si tienes previsto asistir a la universidad, es una buena idea seguir adelante e inscribirte en los plazos normales mientras aún estás en la escuela secundaria. Una vez que te acepten puedes solicitar un aplazamiento en la mayoría de las universidades, en caso de que decidas servir justo después de graduarte de la escuela secundaria. De este modo estarás preparado para seguir avanzando después de tu misión.

¿Cómo sabré cuándo estoy listo para servir en una misión?

Reunirte con tu obispo te ayudará a saber cuándo estarás listo para servir. El élder Nelson explicó: “Estos ajustes en la edad son unas opciones nuevas que están disponibles para que los obispos evalúen qué es lo mejor para cada uno de sus jóvenes. Los jóvenes y las jovencitas no deben comenzar su servicio antes de que estar tanto temporal como espiritualmente”. Muchos factores, tales como la escuela, la salud, la dignidad, las finanzas o la preparación, afectan a cuándo debes servir. Considera todas las opciones con espíritu de oración. La oración constante y las reuniones regulares con tus líderes locales del sacerdocio te ayudarán a saber cuándo estarás lo suficientemente preparado.

Preparación económica


Los misioneros y sus familias deben hacer los sacrificios apropiados para proporcionar el sostén económico para una misión. Consulta con tus padres y tu obispo en cuanto a tu situación específica.

¿Cómo comienzo el proceso de recomendación para misioneros?

Si tú y tu obispo habéis determinado que estás listo, él establecerá una cuenta que te permita acceder al sistema en línea de recomendación misional y comenzará la documentación para tu misión. Algunas de las cosas que necesitas hacer incluyen un examen médico, actualizar tus vacunas y obtener una aprobación de salud dental. También se te pedirá proporcionar información personal y enviar una foto tuya.

¿Cuándo puedo ir al templo?

Una de las más grandes bendiciones relacionadas con la preparación para tu misión es la oportunidad de recibir la investidura del templo después de recibir el Sacerdocio de Melquisedec y tu llamamiento misional. Tú y tus padres debéis trabajar con tu obispo para decidir cuándo estarás listo para hacer y guardar los convenios sagrados. Estudia el manual de preparación para el templo y asegúrate de que tu conducta esté en consonancia con las normas de dignidad del templo.

Prepárate ahora

Prepárate ahora a fin de estar listo para servir cuando llegue el momento. Sabrás cuándo lo estarás a medida que consultes con tus padres y líderes de la Iglesia con espíritu de oración.

Aprende más sobre cómo prepararte para servir una misión en la sección La preparación para servir.

Encuentra respuestas a preguntas frecuentes acerca de cómo prepararte para servir.

Lee “Preparándose para servir: Sugerencias para las Mujeres Jóvenes ”.



TEMAS: Preparación misional


//www.lds.org/youth/article/when-should-i-serve?lang=spa


7 de enero de 2013

El seminario es una herramienta que ayuda en la preparacion de una mission