14 de octubre de 2013

Una Visión Eterna


CARLOS H. AMADO
Of the First Quorum of the Seventy
 Carlos H. Amado


“Extiendan su visión y reconozcan que tienen parentesco con Dios; eleven la vista y vivan dignos del sacerdocio que poseen.”
Siervo y servicio son palabras comunes en la Iglesia restaurada.

Alguien dijo: “El que no vive para servir no sirve para vivir”. Palabras sabias que se aplican a todo poseedor del sacerdocio. Una palabra que describe el sacerdocio es servicio; literalmente, todo hombre que recibe el sacerdocio es “llamado a servir”. El apóstol Pedro dijo que ustedes eran “… linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9). Ilustraré este concepto con un relato de la vida real.

María Coj era una joven miembro de la Iglesia que tenía 17 años y era la mayor de 8 hermanos. Había contraído una infección parasitaria, cisticercosis, al comer alimentos contaminados. Con el tiempo, el parásito en estado embrional formó un quiste en el cerebro de la jovencita, provocándole terribles dolores de cabeza y luego ceguera. Para aliviarle los dolores, fue necesario trasladarla desde su pueblo, Sololá, a la ciudad de Guatemala. Allí se agravó a causa de fuertes convulsiones por lo avanzado de la enfermedad. La mantenían con vida en un respirador artificial; evidentemente, no viviría mucho tiempo en esas condiciones.

Simultáneamente, Erika Alonzo, una niña miembro de la Iglesia de 12 años y parcialmente ciega, viajaba 22 horas en autobús desde Honduras a Guatemala para operarse de los ojos. Durante dos semanas esperó que llegara de los Estados Unidos una córnea joven para recibir el trasplante, pero no se conseguían. En esos días falleció María. Como la ceguera de la joven había sido causada por la presión del quiste en el cerebro, sus córneas eran sanas. Los padres de María autorizaron la donación. La operación tuvo éxito y el 12 de julio de 1993, Erika fue a Sololá a conocer a la familia Coj.

Asombrados, le preguntaron: “¿puedes ver?”, y ella les contestó: “Sí, veo todo con claridad”. Fue un encuentro muy espiritual. La hermana Coj, que no entendía mucho español porque su lengua madre es el cakchiquel, sintió de todos modos el espíritu y el amor que reinaba mientras conversaban. Gracias a la donación de la córnea de su hija, Erika ahora puede ver y disfrutar de cuanto la rodea. La muerte de una persona y el amor de sus padres fueron una bendición en la vida de otra. El milagro de la medicina actual de que alguien pueda ver con los ojos de otra persona es una asombrosa realidad.

Espiritualmente hablando, todos ustedes, jóvenes del Sacerdocio Aarónico, a través de los ojos de sus fieles padres, maestros, obispo, Apóstoles y profetas, pueden contemplar las bendiciones de esta vida y de la eternidad. Pueden descubrir así que, por medio de las donaciones pequeñas de tiempo, a diario, como el estudio de las Escrituras, la oración y la meditación, ellos les enseñarán que ustedes tienen algo divino en su interior.

Extiendan su visión y reconozcan que tienen parentesco con Dios; eleven la vista y vivan dignos del sacerdocio que poseen. Aprendan en la juventud a controlar sus pasiones, deseos y apetitos.

Prepárense seriamente para cumplir con la gloriosa responsabilidad de predicar las buenas nuevas de la Restauración, las cuales son: que Jesús es el Cristo y que no hay otro nombre dado en el cual haya salvación, que José Smith fue un profeta que, guiado por mensajeros divinos, restauró con poder y autoridad todas las ordenanzas y convenios que se encuentran en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. En todo poseedor

del sacerdocio debe arder la convicción personal de que la misión de Jesucristo fue única: como Hijo de un Padre Celestial Eterno y de una madre mortal especialmente escogida, llegó a ser el Unigénito, el Hijo de Dios, lo cual lo calificó para ser el Mediador, el Salvador y el Redentor del género humano.

Aunque lo calumniaron, escupieron, golpearon, azotaron y humillaron, permaneció “como una oveja muda ante sus escarnecedores” (Isaías 53:7). Murió a una edad temprana; era joven y fuerte, de sabiduría ¡limitada; cuando ustedes tengan 33 años lo comprenderán mejor. Su sacrificio fue doloroso pero imprescindible. Fue el primero que resucitó revestido de gloria y vida eterna.

La expiación del Hijo de Dios abrió la posibilidad para que todo el género humano pudiese volver a la presencia del Padre. Ahora nos dice que lo sigamos y que hagamos las cosas que le hemos visto hacer (véase 2 Nefi 31:12). Ahora, ustedes tienen el privilegio de servir dos años como misioneros con la única mira de glorificar a Dios y de edificar Su Reino (véase D. y C. 4:5). Durante ese tiempo, Cristo les refinará el espíritu, les moldeará el carácter e implantará en sus corazones los principios que les permitirán vivir con rectitud y gozo en esta vida y por la eternidad.

Puede que piensen que van a sacrificar mucho al alejarse de su familia o al dejar a un lado la educación, o incluso al dejar una vida cómoda. Otros tal vez se quejen de que la vida misional es rigurosa; sin embargo, los miles que ya han servido les testificarán que, al contar sus bendiciones, se han dado cuenta de que en realidad no han sacrificado nada.

Permítanme compartir con ustedes una experiencia de fe. El élder Hermelindo Coy era hijo único. Salió de su aldea, Senahú, por primera vez en su vida para entrar en el Centro de Capacitación Misional el 14 de marzo de 1991, y dejó sola a su mamá. Aunque tenía sólo dos años de ser miembro de la Iglesia y era muy tímido para hablar con la gente, su determinación de servir era grande. Había cursado menos de cinco años de escuela primaria en su idioma nativo kekchí, y el idioma oficial de Guatemala, el español, era una lengua extraña para él.

Durante su misión aprendió a vivir con dolor en una pierna y rara vez se quejaba. En agosto de 1992, además de sentir más dolor, notó que tenía algo anormal en la rodilla. Un examen médico diagnosticó que tenía cáncer en los huesos. Un estudio más minucioso reveló que el cáncer se había reproducido en el hígado, los pulmones y en el sistema linfático. En otras palabras, su enfermedad no tenía cura. El no entendía cuál era el problema ni la cansa ni la gravedad del mismo. Con la ayuda de un intérprete y con ejemplos de la vida del campo, se le ayudó a comprender que tenía poco tiempo de vida.

Nunca preguntó: ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí? No se lamentó ni expresó sentimientos negativos. Fue obediente a todo lo que se requirió de él. Se le preguntó si deseaba volver a casa, pero él pidió quedarse en la misión hasta donde le fuera posible servir, o hasta que muriera.

Para octubre de ese mismo año ya caminaba con dificultad y requería la ayuda de un bastón; sólo podía trabajar algunas horas al día; en diciembre ya no podía caminar. Fue la primera vez que se sintió desanimado porque no podía trabajar. Su preocupación siempre había sido que quién cuidaría de su madre cuando él muriera.

En una de sus visitas, el presidente de misión le pidió que enseñara la doctrina básica de la Iglesia a su mamá, quien, junto con las misioneras de bienestar, permanecían con él las 24 horas del día. Cuando le enseñó a su mamá el plan de salvación en su lengua nativa, irradiaba seguridad y luz; enseñaba con poder y convicción.

A medida que sus fuerzas se agotaban, tenía más y más confianza en el Señor. En una ocasión en que el dolor era muy intenso, expresó en una oración: “Padre Celestial, yo no sé el día ni la hora en que moriré, pero espero que pronto me digas cuál va a ser mi nueva asignación”.

Murió en febrero de 1993. Su ejemplo fue una bendición para todos los misioneros, los líderes, los miembros e incluso los que no eran miembros que se enteraron de su valor y de su perseverancia hasta el fin. Su fe era tan simple que se contagiaba. Nunca temió la muerte y fortaleció a todos los que lo conocieron.

Mis queridos jóvenes, les prometo que si sirven con la misma fe que lo hizo el élder Coy, y si aceptan mirar

a través de los ojos de sus padres y líderes que los aman, tendrán un testimonio más fuerte, verán más allá de lo que ven ahora e iluminarán a los que ahora están espiritualmente ciegos y los prepararán para volver a Cristo. Levántense y hagan brillar su luz, sean como los más de 49.000 misioneros que hoy llevan luz, esperanza y conocimiento a los que lo necesitan. Agrego mi testimonio a los demás, de la divinidad de esta obra, en el nombre de Jesucristo. Amén.

16 de septiembre de 2013

Los futuros misioneros encuentran la forma de prepararse para servir
  Por Suzanne Young, redactora del personal de Seminarios e Institutos

8 AGOSTO 2013

El prepararse para el servicio misional es una responsabilidad personal, pero existen muchos recursos disponibles de ayuda en LDS.org y a través de las clases de preparación misional.
Imprimir
Compartir
PUNTOS DESTACADOS DEL ARTÍCULO

Los futuros misioneros se centran en maneras de prepararse para su misión.
LDS.org ofrece muchos recursos para el estudio personal y de preparación.
Las clases de preparación misional también pueden ayudar a preparar a los futuros misioneros para misiones exitosas.
- VÍNCULOS RELACIONADOS

Encuentre recursos adicionales de preparación misional.
Con los 29.000 misioneros nuevos que se esperan dentro de los próximos meses, más futuros misioneros se centran en maneras de prepararse antes de ingresar al Centro de Capacitación Misional. Aunque la preparación es una responsabilidad individual, hay muchos recursos disponibles que pueden ayudar.

LDS.org ofrece información sobre la preparación misional en la sección de Temas del Evangelio, así como las respuestas a preguntas frecuentes.

Los recursos para la preparación misional para el estudio personal, el cual es parte del nuevo sitio Mi función en la obra de salvación, enumera las referencias para ayudarle a entender los principios básicos. También se incluye las lecciones para estudiar por su propia cuenta, así como sugerencias para actuar sobre lo que ha aprendido.

También existen sugerencias para los padres, líderes y maestros, que incluyen reseñas de aprendizaje y enseñanza para el curso de preparación misional.

En la transmisión reciente para los maestros de seminario e instituto, el élder Russell M. Nelson dijo, “La reciente modificación de la edad mínima para el servicio misional de tiempo completo entraña muchas implicaciones para los maestros de seminario e instituto. Quizás los jóvenes que salgan a la misión tengan ahora menos tiempo para prepararse. De modo que el hogar, seminario, e instituto tienen la maravillosa oportunidad de ayudar en la preparación de los misioneros”.

Las clases de preparación misional, más conocidas como preparación para la misión, son para ayudar a preparar a futuros misioneros para que tengan éxito en la misión. Estas clases se ofrecen a través de los institutos locales, las estacas de jóvenes adultos solteros y los barrios. Los alumnos escuchan historias reales de la misión, estudian Predicad Mi Evangelio, planifican y preparan lecciones sobre los principios del Evangelio e incluso practican cómo enseñar estas lecciones a los demás, todo antes de entrar al Centro de Capacitación Misional.

El hermano Grayson Butler enseña en el Instituto de Salt Lake, el cual ha visto un aumento dramático en la inscripción en las clases de preparación misional desde el anuncio del cambio de la edad mínima de los misioneros. De hecho, este verano el Instituto de Salt Lake está ofreciendo siete cursos diferentes de preparación misional en comparación con una clase ofrecida el verano pasado.

El hermano Randy Osborne, maestro de preparación misional en los programas de Instituto de Sandy y Jordan, en Utah, dijo que el número de hermanas que asiste a su clase ha aumentado de un 20 por ciento a más de la mitad.

Kacee Greeff estudia su clase de preparación misional en el Instituto de Salt Lake. Los barrios y las estacas de jóvenes adultos solteros también pueden proporcionar las clases de preparación misional. Foto por Suzanne Young.
Se pide a los alumnos en la clase de preparación misional del hermano Osborne que preparen una lección de dos o tres minutos sobre cualquier tema, desde el arrepentimiento hasta la Restauración. Después de que escriban sus lecciones en un cuaderno que mantienen a lo largo del semestre, se les otorga oportunidades para practicar enseñando a los demás. Esto les da la oportunidad para enseñar a personas que no conocen y para recibir sugerencias y comentarios acerca de sus enseñanzas. El cuaderno que mantienen durante todo el semestre está lleno de mini lecciones que han preparado, y que llevarán consigo al CCM.

El hermano Butler empieza cada clase con una carta o un relato de un misionero que actualmente presta servicio en el campo misional para entusiasmar a sus alumnos. Ésta es una de las partes favoritas de Johanna Tovar en su clase de preparación misional. “Escuchar los relatos me está enseñando en lo que necesito centrarme en este momento, mientras tengo tiempo para prepararme”, dijo ella.

Jessica Liening, quien prestó servicio en la Misión California Long Beach, dijo que la clase de preparación misional que tomó en la Universidad Brigham Young la ayudó a prepararse. “Me ayuda a pensar como misionera y estar entusiasmada por servir. Definitivamente me puse a pensar acerca de mi misión y de las diferentes maneras de cómo me puedo preparar. [La clase] proporciona un entendimiento de la obra misional y nos mantiene pensando acerca de enseñar y compartir, incluso antes de que debamos hacerlo”.

Para encontrar una clase de preparación misional cerca de usted, visite institute.lds.org o pregunte a los líderes locales del sacerdocio.

20 de mayo de 2013


¿Por qué los misioneros deben ser moralmente limpios?




¿Por qué los misioneros deben ser moralmente limpios?

La dignidad personal es una parte esencial de tu preparación para servir en una misión debido a que necesitarás el Espíritu Santo y no puedes tener el Espíritu Santo a menos que seas limpio (véase D. y C. 42:14 y Helamán 4:24).
“Los misioneros que no se arrepientan… no pueden desafiar a otra persona para que lo haga… el Espíritu no los acompañará… Ustedes no pueden andar por… senderos prohibidos y esperar guiar a otras personas en el camino estrecho y angosto”.
—Élder Jeffrey R. Holland
En el video de arriba, el élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los doce Apóstoles, enseña por qué debes ser moralmente limpio e invita a “ser limpios” o “llegar a ser limpios”.

Obtén más información

31 de marzo de 2013

La preparación para servir

Preguntas frecuentes de los futuros misioneros y sus padres



Futuros misioneros


Tengo muchas preguntas acerca del servicio misional. ¿Quién es la persona indicada para contestarlas?

Hable con su obispo. Predicad Mi Evangelio y el Manual misional también son grandes recursos.

¿Cómo sé si soy digno y capaz de servir en una misión?

Si tiene dudas sobre su dignidad o limitaciones físicas o emocionales, debe hablar con su obispo o presidente de rama. Él le ayudará a entender los requisitos necesarios para el servicio misional.

¿Quién debe servir en una misión?

El presidente Thomas S. Monson dijo: “Afirmamos que la obra misional es un deber del sacerdocio, y alentamos a todos los Hombres Jóvenes que sean dignos y que son física y mentalmente competentes, a que respondan al llamado de servir. Muchas jovencitas también prestan servicio, pero no están bajo el mismo mandato de servir que los hombres. Sin embargo, les aseguramos a las hermanas jóvenes de la Iglesia que pueden hacer una valiosa contribución como misioneras y aceptamos con brazos abiertos su servicio”.

Aprenda más al ver el discurso de la sesión del sábado por la mañana del presidente Monson en la Conferencia General de octubre de 2012.

¿Tengo que comenzar mi servicio misional a los 18 (para los élderes) o a los 19 (para las hermanas)?

El presidente Monson dijo: “Me complace anunciar que, entrando en vigor de inmediato, todos los jóvenes dignos y capaces que se hayan graduado de la escuela secundaria o su equivalente, independientemente de dónde vivan, tendrán la opción de ser recomendados para la obra misional a los 18 años en lugar de a los 19. No estoy sugiriendo que todos los jóvenes servirán, o deban hacerlo, a esa edad más temprana. Más bien, basado en las circunstancias individuales, así como en la determinación de los líderes del sacerdocio, ahora tienen esa opción.

“Al meditar en oración la edad a la cual los jóvenes podrían comenzar su servicio misional, también hemos considerado la edad a la que las Mujeres Jóvenes podrían servir. Hoy me complace anunciar que las jóvenes dignas y capaces que tengan el deseo de servir, pueden ser recomendadas para el servicio misional a partir de los 19 años en lugar de los 21”.

Aprenda más al ver el discurso de la sesión del sábado por la mañana del presidente Monson en la Conferencia General de octubre de 2012.

¿Cómo me puedo preparar mejor para ser un misionero?

Hable con el Señor y sus líderes locales del sacerdocio para prepararse espiritual, física, mental, emocional y económicamente para el servicio misional.

¿Cuándo puedo enviar mis papeles para la misión?

Puede enviar sus papeles 120 días antes de que cumpla con todos los requisitos para servir.

¿Inicio mi entrevista con mi obispo del barrio de solteros o el obispo del barrio?

Si está asistiendo a un barrio de solteros, primero hable con su obispo del barrio de solteros. Él lo guiará y coordinará con el obispo del barrio basado en sus circunstancias personales.

¿Debo esperar hasta que haya ahorrado el dinero suficiente para ir?

Los misioneros y sus familias deben hacer los sacrificios apropiados para proporcionar apoyo financiero para una misión. Hable con su obispo para obtener información específica.

¿Debo satisfacer ciertos requisitos físicos para servir en una misión?

La salud física es una parte importante del servicio misional. Hable con su obispo para obtener más información.

¿Cómo es un día típico de un misionero?

Una forma de entender las actividades cotidianas misionales es ver un documental sobre los misioneros llamado El distrito. Información adicional acerca de los horarios de un misionero y lo que enseñará se pueden encontrar en Predicad Mi Evangelio.

¿Cómo me comunicaré con mi familia y amigos?

“Escriba a su familia cada semana en el día de preparación. Limite la correspondencia con los demás. Comparta sus experiencias espirituales” (Manual misional, pág. 20). Los misioneros pueden comunicarse con su familia y con el presidente de misión por correo electrónico, siguiendo las pautas aprobadas. Utilice el correo electrónico solamente en el día de preparación. Para obtener más información sobre la comunicación con familiares y amigos, consulte la página 20 del Manual misional.

Padres

Tengo muchas preguntas acerca del servicio misional. ¿Quién es la persona indicada para contestarlas?

Hable con su obispo. Predicad Mi Evangelio y el Manual misional también son grandes recursos.

¿Debe mi hijo o hija esperar para aplicar para el servicio misional hasta que haya ahorrado suficiente dinero para ir?

Los misioneros y sus familias deben hacer los sacrificios apropiados para proporcionar apoyo financiero para una misión. Hable con su obispo para obtener información específica.

¿Cómo puedo ayudar mejor a mi hijo o hija para prepararse para servir en una misión?

Usted conoce mejor a su hijo o hija. Hable con el Señor y sus líderes locales del sacerdocio para saber cómo ayudar a su hijo o hija a prepararse espiritual, física, mental, emocional y económicamente para el servicio misional.

¿Qué hará mi hijo o hija como misionero(a)?

Una forma de entender las actividades cotidianas misionales es ver un documental sobre los misioneros llamado El distrito. Información adicional acerca de los horarios de un misionero y lo que él o ella enseñará se pueden encontrar en Predicad Mi Evangelio.

¿Qué necesitará exactamente un misionero(a)? ¿Se proporciona una lista? ¿Qué sucede si él o ella olvida algo?

Se proporciona una lista completa de las cosas necesarias con el paquete del llamamiento misional. Él o ella se comunicará con usted si necesita algo durante el transcurso de la misión.

¿Cuál es mi función y responsabilidad como padre o madre de un misionero(a)?

El apoyo y aliento de los miembros de la familia es muy útil para un misionero. Éstos se puede proporcionar por medio de cartas y correos electrónicos semanales.

¿Cómo me comunicaré con mi hijo o hija?

Les animamos a apoyar y edificar a su misionero por medio de correos electrónicos y cartas semanales. El misionero también llamará a su casa en Navidad y una vez durante el año (por lo general en el día de la madre).

¿Cómo puedo apoyar mejor a mi misionero mientras él o ella está en una misión?

Cuando se comunique con su misionero, sea edificante y ayúdelo(a) a centrarse en el sagrado llamamiento de misionero, en lugar de las cosas que él o ella ha dejado atrás temporalmente.